Por Ángela R. alumna de 2º BAC
Anotó todo en mi libreta roja. Siempre lo he hecho. Hoy escribí: «Alguien llama a mi puerta, pero no veo a nadie. 11:23 pm.» Minutos después, volvió a sonar. Me asomé por la mirilla. Nada. Seguí escribiendo: «Tercer timbre». Silencio en la calle. Fui hasta la ventana y miré afuera. La calle estaba vacía, excepto por un sobre en el suelo, justo frente a mi puerta. Lo recogí con mis manos temblorosas. Dentro solo había una hoja que reconocí al instante: era de mi libreta. Había algo escrito con tinta roja y con lo que parecía mi propia letra. Pude leer: «No abras la puerta”.
