Por María G. alumna de 2º BAC
Al llegar a mi calle, sentí un vacío en mi interior, donde debía de estar mi casa preciosa y grande, solo había un espacio abierto y el eco de mis pasos, por lo cual decidí ir a hablar con mi vecino, pero este me miró como si no me conociera, ¿Casa? nunca hubo una casa aquí, dijo él. Entre en pánico, mis muebles, mis fotos, mi familia… ¿Dónde estaban? de repente alguien me tocó el hombro, era un niño pequeño con mis mismos ojos y me dijo “Todo esto ya lo viviste, es hora de seguir”.
