Por Gabriel P. alumno de 2º BAC
Estaba volviendo del trabajo con mis compañeros como de costumbre. Había sido una jornada bastante dura, organizando la mercancía en los almacenes arriba y abajo. Hacía un sol intenso, y los árboles hacían una sombra que íbamos aprovechando para descansar en el camino de vuelta.
Cuando nos íbamos acercando a casa, vimos como había una multitud que se movía en nuestra dirección corriendo con mochilas y maletas. Les dejamos pasar cordialmente, y mientras avanzaban, reconocimos a lo lejos a algunos de nuestros vecinos de toda la vida, lo cual nos extrañó a todos. Y cuando llegamos, nos quedamos atónitos. Había vuelto a pasar, otro gran tsunami había arrasado con nuestra ciudad.
Desesperado fui a buscar a mi mujer y familia corriendo, y los encontré rápidamente, en la entrada de la ciudad con las maletas. Mi mujer me contó, que mientras estaba en el trabajo, la vecina se había colado en el palacio, y había oído hablar a los dioses de que iban a usar la máquina crea tsunamis, porque habían visto a varios de nosotros aparecer en sus gigantescos palacios, y que vino corriendo a contarlo todos para que huyéramos lo antes posible.
Nos acababa de desaparecer nuestra casa por segunda vez en lo que llevamos de año, y solo nos quedaba volver a cruzar el eterno desierto de asfalto y adueñarnos de otro jardín en condiciones, para intentar volver a tener un hogar en el que vivir.
