Por Paula V. alumna de 2º BAC
Todo comenzó una mañana común. Abrí los ojos, esperando ver el techo conocido de mi habitación, pero en lugar de eso, el cielo azul me miraba. Me levanté de un salto. Donde alguna vez estuvo mi casa, no había más que un terreno vacío.
Corrí por el barrio buscando explicaciones. Mis vecinos, confundidos, aseguraban que nunca hubo una casa allí. ”Tal vez soñaste todo”, dijo una anciana al pasar. Pero yo recordaba cada rincón de mi hogar: la mesa desgastada, el olor a café, las risas…
Volví al terreno. Las marcas de mi jardín habían desaparecido, como si nunca hubieran existido. Una brisa helada me envolvió, llevándose el último eco de lo que alguna vez fue mi refugio. Mi hogar no estaba allí. ¿Acaso había sido un recuerdo o un espejismo que la realidad decidió borrar? .
